Un estudio de cohorte nacional finlandés —el más completo publicado hasta la fecha sobre este tema— concluye que los adolescentes y jóvenes adultos referidos a servicios especializados de identidad de género presentan tasas de morbilidad psiquiátrica muy superiores a las de la población general, tanto antes de la derivación como durante el seguimiento posterior, y que esta brecha no se reduce con el tiempo ni con la intervención médica.
El estudio fue publicado el 4 de abril de 2026 en Acta Paediatrica, revista nórdica de referencia en pediatría, liderado por la Prof. Riittakerttu Kaltiala, psiquiatra jefe del Departamento de Psiquiatría del Adolescente del Hospital Universitario de Tampere, quien puso en marcha una de las dos clínicas de género pediátricas de Finlandia en 2011.
El estudio empleó los registros sanitarios nacionales de Finlandia, que asignan a cada ciudadano un identificador único de 11 dígitos. Esto permitió seguir la totalidad de los individuos menores de 23 años que acudieron a cualquiera de los dos servicios de identidad de género del país entre 1996 y 2019, sin pérdida de casos ni sesgo de selección —limitaciones que afectan a la gran mayoría de investigaciones previas en este campo.
Mientras la morbilidad psiquiátrica de los controles se mantiene estable en torno al 15%, en el grupo referido al SIG asciende del 45,7% antes de la primera consulta al 61,7% dos o más años después de la derivación. Las necesidades de atención psiquiátrica no se reducen: aumentan.
El estudio distingue dos cohortes temporales: antes y después de 2010, año en que se produjo un marcado incremento internacional en las derivaciones por disforia de género en menores. Los adolescentes referidos a partir de esa fecha llegaban a las clínicas con mayores necesidades psiquiátricas previas que la cohorte anterior.
Entre el subgrupo que recibió intervención médica de reasignación de género, los aumentos en morbilidad psiquiátrica durante el seguimiento fueron los más pronunciados de toda la cohorte.
En los varones biológicos con tratamiento feminizante, la morbilidad psiquiátrica se multiplicó por más de seis: del 9,8% antes de la derivación al 60,7% durante el seguimiento. En las mujeres biológicas con tratamiento masculinizante, pasó del 21,6% al 54,5%.
| Indicador | Referidos al SIG | Controles |
|---|---|---|
| Morbilidad psiquiátrica previa a la derivación | 45,7% | 15,0% |
| Morbilidad ≥2 años tras la derivación | 61,7% | 14,6% |
| Cohorte post-2010: morbilidad previa | 47,9% | 14,2% |
| Riesgo relativo vs. controles femeninos | ~3× mayor | Referencia |
| Riesgo relativo vs. controles masculinos | ~5× mayor | Referencia |
| Varones biológicos: antes → seguimiento (con intervención) | 9,8% → 60,7% | — |
| Mujeres biológicas: antes → seguimiento (con intervención) | 21,6% → 54,5% | — |
Los investigadores señalan que la elevada morbilidad psiquiátrica previa a la derivación, y su intensificación con el tiempo, sugieren que en algunos adolescentes la disforia de género podría ser secundaria a otros problemas de salud mental subyacentes, no una condición primaria e independiente.
"La considerable morbilidad psiquiátrica severa previa al contacto con el SIG, y su aumento con el tiempo, sugieren que en algunos de estos adolescentes la disforia de género puede ser secundaria a otros desafíos de salud mental."
— Ruuska, Tuisku, Holttinen & Kaltiala · Acta Paediatrica, 2026Los autores concluyen que es imprescindible evaluar y tratar adecuadamente los trastornos mentales comórbidos en quienes buscan reasignación de género, tanto antes como después de someterse a intervenciones médicas irreversibles. Ajustando estadísticamente por historial psiquiátrico previo, la intervención de reasignación de género no redujo el riesgo de necesitar atención psiquiátrica especializada durante el seguimiento.
Respecto al aumento de derivaciones post-2010, los autores plantean que el notable incremento de quienes acuden a los servicios de identidad de género y el aumento de la morbilidad psiquiátrica observada sugieren que la disforia de género puede ser, en algunos casos, una respuesta de afrontamiento inadaptada a otros problemas de salud mental.