Cada vez más adolescentes con disforia de género están siendo derivados a tratamientos médicos como bloqueadores de la pubertad, hormonas cruzadas y cirugías de género. Estos tratamientos suelen presentarse como una solución urgente para evitar el sufrimiento de los jóvenes y prevenir el suicidio, y la idea que se transmite a muchas familias es que cuanto antes se empiece, mejor.
Sin embargo, lo que muchas familias no saben es que las revisiones sistemáticas independientes realizadas en los últimos años concluyen que la evidencia de beneficios a largo plazo es débil o inexistente, mientras que sí existen riesgos documentados y consecuencias irreversibles. Esta página reúne la información científica disponible para que las familias puedan tomar decisiones informadas.
Durante décadas, un adolescente con disforia de género pasaba por una evaluación psicológica exhaustiva antes de cualquier intervención médica, explorando posibles causas subyacentes como ansiedad y depresión, trastornos del espectro autista, trauma, bullying o problemas de autoestima. Sin embargo, a partir de los años 2010, muchos países adoptaron protocolos de «afirmación de género» que acortaron drásticamente ese proceso.
En muchos casos, las clínicas pasaron de una evaluación exhaustiva a la prescripción de bloqueadores de la pubertad o incluso hormonas cruzadas en cuestión de pocas visitas. Muchas familias sienten que no se les informó adecuadamente de los riesgos ni se exploraron otras alternativas antes de iniciar un camino médico irreversible.
El modelo de afirmación médica se basa en un estudio holandés de los años 1990 con una muestra muy reducida y seleccionada de pacientes. Ese protocolo nunca fue replicado con éxito fuera de los Países Bajos. Como señala el Informe Cass (2024), la adopción de un tratamiento con beneficios inciertos sin mayor escrutinio es «un alejamiento significativo de la práctica establecida».
Los análogos de la GnRH (hormona liberadora de gonadotropinas) se usan para suprimir la pubertad bloqueando la producción de estrógenos y testosterona. Aunque suelen presentarse como una «pausa reversible» que da tiempo para pensar, la evidencia científica acumulada plantea importantes dudas tanto sobre su eficacia como sobre sus efectos secundarios.
Las principales revisiones sistemáticas independientes realizadas en los últimos años concluyen de manera consistente:
Las hormonas cruzadas (testosterona para personas de sexo femenino, estrógenos para personas de sexo masculino) producen cambios en el cuerpo que en muchos casos no pueden revertirse. A diferencia de los bloqueadores, sus efectos no son una «pausa»: inician una masculinización o feminización permanente del organismo.
Las revisiones sistemáticas independientes concluyen que no se pueden extraer conclusiones sobre el efecto de las hormonas cruzadas en la disforia de género, la satisfacción corporal, la salud psicosocial o el desarrollo cognitivo (Universidad de York para el Informe Cass, 2024). Además, la afirmación de que el tratamiento hormonal reduce el riesgo de suicidio no está respaldada por la evidencia disponible según el mismo informe.
En algunos países se realizan cirugías de afirmación de género en adolescentes, presentadas como «la solución definitiva» para el malestar con el propio cuerpo. Estas intervenciones son irreversibles, conllevan complicaciones significativas, y muchos jóvenes no reciben información completa sobre sus riesgos antes de tomarlas.
| Cirugía | Descripción | Complicaciones principales | Irreversible |
|---|---|---|---|
| Mastectomía doble | Extirpación del tejido mamario en personas de sexo femenino | Dolor crónico, pérdida de sensibilidad, cicatrices, imposibilidad de lactancia | Sí |
| Vaginoplastia | Creación de cavidad vaginal con piel del pene o colon | Infecciones, necrosis, fístulas urinarias, estenosis, dolor pélvico crónico. Requiere dilatación manual de por vida | Sí |
| Faloplastia | Creación de falo con injertos de piel de otras partes del cuerpo | Infecciones, rechazo de injertos, complicaciones urinarias, fístulas, múltiples revisiones quirúrgicas | Sí |
| Orquiectomía | Extirpación de los testículos | Riesgos quirúrgicos, infertilidad permanente, dependencia hormonal de por vida | Sí |
| Histerectomía | Extirpación de útero y ovarios en personas de sexo femenino | Riesgos quirúrgicos, menopausia quirúrgica, osteoporosis, dependencia hormonal de por vida | Sí |
«Estoy muy preocupada de que la mayoría de los niños que han bloqueado su pubertad no tendrán una función orgásmica adecuada, y nunca lo sabrán porque no tendrán nada con qué compararlo.»
«El nivel de complicaciones en estas cirugías es mucho más alto de lo que las clínicas suelen admitir.»
— Marci Bowers, cirujana de género de referencia mundial, en declaraciones a The Free PressEl consentimiento informado requiere comprender los riesgos y consecuencias, anticipar cómo estos cambios afectarán la vida a largo plazo, y haber valorado las alternativas antes de tomar decisiones irreversibles. Sin embargo, los adolescentes están en una etapa de desarrollo en la que el cerebro —en particular la corteza prefrontal, responsable de la planificación a largo plazo y el control de impulsos— aún no ha terminado de formarse (proceso que continúa hasta los 25 años aproximadamente).
Tomar decisiones permanentes sobre el cuerpo, la sexualidad y la salud futura requiere un nivel de perspectiva y madurez que la neurociencia ha demostrado que los menores no tienen completamente desarrollado. Además, la base de evidencia deficiente hace que sea difícil proporcionar información adecuada sobre la cual un joven y su familia puedan tomar una elección realmente informada.
Keira Bell, una joven que se sometió a tratamientos de transición siendo adolescente y los lamentó, demandó a la clínica Tavistock del NHS. El tribunal falló inicialmente que los menores de 16 años no pueden dar consentimiento informado para los bloqueadores de la pubertad. Aunque la sentencia fue recurrida, el caso impulsó directamente la revisión Cass y la reevaluación del modelo afirmativo en el Reino Unido.
En los últimos años, varios países con sistemas de salud avanzados que aplicaban protocolos de afirmación de género han decidido adoptar un enfoque más prudente, basándose en la falta de evidencia sólida de beneficios a largo plazo y en las preocupaciones sobre los riesgos irreversibles.
Cada vez más jóvenes que iniciaron estos tratamientos siendo adolescentes están deteniendo sus transiciones y regresando a vivir con su sexo biológico, un proceso conocido como detransición. Este fenómeno es reconocido en la literatura científica, aunque su prevalencia exacta es difícil de medir debido a la heterogeneidad de definiciones y metodologías empleadas en los estudios.
Una revisión sistemática publicada en el Journal of Sexual Medicine (2025) encontró tasas de discontinuación de bloqueadores entre el 1% y el 7,6%, y de hormonas cruzadas entre el 1,6% y el 9,8%, aunque señala que los estudios son demasiado pequeños y de seguimiento demasiado corto para estimar la prevalencia real. Además, estas cifras capturan solo a quienes regresan a la misma clínica, subregistrando a quienes buscan ayuda en otro lugar o simplemente dejan el tratamiento.
Los jóvenes que han detransicionado frecuentemente expresan que no fueron informados adecuadamente de los riesgos permanentes; que las clínicas no exploraron en profundidad otras causas de su malestar; y que esperaban que la transición resolviera su sufrimiento emocional, pero sus problemas persistieron o empeoraron. Muchos también describen falta de apoyo psicológico y médico al decidir parar o revertir el proceso, sintiéndose solos y desamparados.
El problema central es que una vez realizada una mastectomía o tras un tiempo prolongado en hormonas cruzadas, muchos de los cambios son irreversibles. NHS England anunció en 2024 los primeros planes para establecer un servicio específico del NHS de apoyo a pacientes que desean detransicionar, reconociendo que «no existe una vía clínica definida» para ello.
Si en países con sistemas de salud avanzados están reconsiderando estos tratamientos, es legítimo que como familia busques toda la información disponible y pidas un enfoque prudente antes de tomar decisiones irreversibles.
No se trata de negar la ayuda a jóvenes con disforia de género, sino de asegurar que reciban el apoyo psicológico adecuado y el tiempo necesario antes de pasos que marcarán su vida para siempre. Las guías clínicas de Finlandia y Suecia —las únicas recomendadas por el Informe Cass por su rigor metodológico— priorizan exactamente esto: la exploración psicológica exhaustiva como primera respuesta, reservando las intervenciones médicas para casos excepcionales y con seguimiento riguroso.
¿Se ha evaluado si existen condiciones subyacentes como depresión, ansiedad, autismo o trauma? · ¿Se han explorado alternativas psicológicas antes de proponer intervenciones médicas? · ¿Qué ocurre si mi hijo/a cambia de idea después de iniciar el tratamiento? · ¿Con qué evidencia científica a largo plazo se respaldan estas recomendaciones? · ¿Qué significa exactamente «reversible» en este contexto y para este paciente en particular?