• AMANDA

UN TESTIMONIO, TODOS LOS TESTIMONIOS


Esta es la transcripción de la presentacion de AMANDA en el Congreso Internacional del día 21/11/2021 organizado por DOFEMCO (VER VIDEO AQUI)


Testimonio presentado por AMANDA


Buenas tardes. Muchas gracias a todas las ponentes por el abordaje tan riguroso que han estado haciendo de esta cuestión y a todas las personas que están trasladando su experiencia personal.


Iba a presentar el testimonio de una madre, pero no lo haré: El testimonio que presentaré es el repetido, de forma casi idéntica, por todas las familias que han acudido a AMANDA en busca de ayuda.


Y se refiere a niñas porque 7 de cada 10 casos diagnosticados con disforia de género de inicio rápido son niñas.


Niñas que han tenido una infancia feliz. Que jugaban con otras niñas y niños con total normalidad. Educadas, en su mayoría, alejadas de estereotipos de género. Niñas a las que les gustaba trepar, diseñar vestidos para sus muñecos, jugar al pilla pilla, abrazar peluches, las construcciones de lego… En el colegio no se integraban especialmente bien: eran más bien tímidas. Se aburrían en clase, porque todo lo que les enseñaban les resultaba demasiado fácil. En la mayoría de los casos, esta circunstancia pasaba inadvertida: sus profesores decían que eran algo vagas, así que nunca pensaron en hacerles test de altas capacidades ni en valorar si detrás de su introversión se ocultaba un diagnóstico de espectro autista o un caso de asperger.


Niñas que tuvieron la regla y se desarrollaron demasiado pronto. Sus compañeros se metían con ellas por su altura y sus curvas y empezaron a ocultar su cuerpo bajo ropa grande y suelta.


El comienzo de la ESO marca el inicio de un calvario para ellas y sus familias. Las niñas sienten que no encajan y comienzan los problemas de ansiedad y de tristeza frecuente. Y empiezan a pasar más tiempo con el móvil y el ordenador: instagram, tik tok, anime, series de plataformas de streaming, youtubers,…


Su carácter cambia: pasan a estar silenciosas, tristes, nerviosas e incluso irrespetuosas. Los padres atribuyen esos cambios a la adolescencia y no les dan demasiada importancia hasta que un día, de pronto, esas niñas, con 12 o 13 años, anuncian que son trans, que han nacido en el cuerpo equivocado y que quieren que todo el mundo se dirija a ellas en masculino y con un nombre de chico.


12 0 13 años.


O 18, 19 años


O 25


Porque esto no es un problema exclusivo de la pubertad.


No hay una edad para estar atentos y una edad para pensar que están a salvo. En absoluto. También afecta a jóvenes especialmente sensibles o vulnerables, con dificultades de socialización, con características y problemáticas subyacentes similares a los que tienen los afectados más jóvenes.


Y la primera reacción siempre, tenga la edad que tenga la hija o el hijo, es de sorpresa.


Las madres y los padres han oído hablar de la disforia de género y piensan en qué han podido pasar por alto. Repasan la biografía de su hija para ver si en algún momento en su infancia esa niña dio muestras de rechazo hacia su sexo.


Pero no encuentran nada.


Acuden a un profesional de la psicología para que valore lo que está ocurriendo.


El 100% de los casos de disforia de género de inicio rápido se producen entre personas con problemas de socialización. En el 62,5% de los casos, quienes la padecen tienen, además, alguna de las siguientes características: altas capacidades, autismo, asperger, TDAH, TOC, trastornos alimenticios.

Pero el psicólogo obvia cualquier circunstancia y se limita a confirmar que la niña es trans. Y aconseja tratar a la niña como ella desea, sin un examen previo, sin valorar otras circunstancias, sin indagar acerca de por qué esa niña rechaza su cuerpo. En ocasiones recomienda a madres y padres acudir a consultar a colectivos LGBT que tras una breve entrevista se limitan a reafirmar que tienen que aceptar que sus hijas ya no son niñas, sino niños.


Porque no les gusta vestir con ropa que marque su figura, porque no encajan con otras chicas de su edad, porque no les gusta maquillarse, en ocasiones (alrededor del 40%) porque se sienten atraídas por otras chicas,


Perdidos y confusos los padres y las madres, buscan información desesperadamente y lo que encuentran les dirige en la misma dirección: páginas de internet en que se afirma que si a una niña no le gusta el pelo largo y los vestidos seguramente es un niño, que si a una niña no le gusta coquetear con chicos o no jugaba a las muñecas de pequeña, seguramente es un chico.


Y entretanto su hija ha empezado a autolesionarse. Su sufrimiento es tan grande que, en ocasiones, necesitan provocarse un dolor externo más grande para mitigar el dolor interno. Cortes en brazos, en piernas, cualquier lugar que pueda quedar oculto bajo la ropa es bueno. Y cualquier objeto punzante sirve para rasgarse la piel hasta sangrar.


Su comportamiento se ha vuelto huraño y amenaza con suicidarse si sus padres no acceden a comprarle binders, a proporcionarle hormonas y a dar los pasos necesarios para las operaciones de reasignación.


Operaciones de reasignación: como si fuera el cambio de bujías de un coche.


Que no nos confunda el neolenguaje.


En las chicas hablamos de dobles mastectomías, vaciado de órganos internos: útero, trompas y ovarios. Hipertrofias de clítoris o construcciones de pene a partir de injertos de piel de otras partes del cuerpo. Liposucciones, implantes y otras cirugías con riesgos como infecciones, coágulos, hematomas, muerte de pezones o pérdida de sensibilidad, cicatrices, estenosis, fístulas urinarias.


Y no olvidemos que 3 de cada 10 afectados son niños y chicos. La mera hormonación les ocasionará impotencia aunque decidan paralizar el proceso antes de llegar a pasar por quirófano. Pero si siguen adelante, hablamos de extirpación del pene y los testículos y creación de una vagina artificial, implantes mamarios y de glúteos, limado de la mandíbula.


Hablamos de cambios radicales en una etapa de la vida de cambios y de descubrimiento de la sexualidad.


Hablamos de sufrimiento, de daños irreversibles, de esterilidad y de supresión del placer sexual en niñas y niños que no han experimentado ni experimentarán jamás un orgasmo.

Hablamos de cirugías cuya dureza y consecuencias ignoran estas niñas y niños, estos adolescentes y jóvenes.

Y las madres y los padres, que pueden valorar la información, se ven impotentes. Los psicólogos les recomiendan que afirmen la nueva condición de sus hijas. Estas amenazan con suicidarse si no acceden a sus deseos.


Y las madres y los padres saben que es un tremendo error. No es transfobia. Es la certeza de que es un paso muy importante en el que se tiene que tener una certeza absoluta de que no hay otra opción.


Nadie parece comprender que quizás esa niña o esa joven tiene otros problemas, que quizás tiene problemas de ansiedad, de depresión, que quizás no encaja por sus altas capacidades, por su autismo o su arperger no diagnosticados, por su TDAH por su TOC.


Nadie parece darse cuenta de que hay un negocio enorme detrás al que le interesa promover ideas acientíficas en personas vulnerables. Un enorme negocio que crece en todo el mundo. Un mercado con un volumen de 316 millones de euros en 2020 que pasará a un volumen de 1.500 millones de euros en 2026.


…….


Cuando la hija o el hijo están rozando la mayoría de edad el sufrimiento de madres y padres se multiplica, porque saben que pronto su opinión será completamente irrelevante para terapeutas y médicos. Ni siquiera podrán intervenir en el centro de estudios, porque su hija será mayor de edad y ellos ya no cuentan.


…………..


Y entretanto esa niña, o esa joven, se ha encargado de decir en el colegio que la llamen Juan y la traten en masculino. Y el colegio accede sin preguntar a las madres y los padres qué está ocurriendo. El colegio. Los profesores, los compañeros, el personal del comedor. Y las madres y los padres se enteran por casualidad: la madre de un compañero, un primo que va al mismo colegio, la profesora cuando escribe en los deberes de la niña un nombre que ellos desconocen.


Y las madres y los padres, que no se resignan a lo que consideran una locura, siguen investigando. Encuentran artículos de psicólogos, antropólogos, médicos que alertan de que se trata de una epidemia de disforia de género de inicio rápido por contagio social. Saben que la razón está de su lado, pero no consiguen que les escuchen los terapeutas de su hija, ni el colegio, ni los compañeros. Ni, por supuesto, su hija, que ve reafirmada su nueva identidad en todo su entorno.



Y así es como surge AMANDA, porque una madre lanza en twitter un grito desesperado, segura de que hay más madres como ella. Y así es.


Y crean una página web y perfiles en redes sociales para llegar a más madres y padres que, por fin, encuentran información veraz, objetiva, científica, información que corrobora que tenían razón. Que su hija o su hijo está sufriendo, pero no por el motivo que las redes sociales le han dicho. Que su hija o su hijo tiene depresión, ansiedad, que su hija o su hijo no encaja, que rechaza el sexismo que representan los estereotipos de género, que su hija tiene altas capacidades no detectadas, o asperger, o autismo, o TDAH, o TOC.


Que su hija o su hijo necesita ayuda y esa ayuda no es la hormonación y la mutilación.


Y esas madres llaman a AMANDA.


Y AMANDA las escucha.


Porque AMANDA habla con todas las madres que contactan con ella. Madres que a duras penas logran contener el llanto mientras narran la misma historia, una tras otra, como un calco, como si sus hijas o sus hijos repitieran una lección aprendida, como gotas de agua.


Madres que ven cómo el tiempo se agota y que temen que las leyes que se has aprobado en las comunidades autónomas, la conocida como Ley Rhodes y el proyecto de ley LGTB que se quiere aprobar a nivel estatal les hagan perder la tutela de sus hijas o sus hijos y que sea un extraño el que permita que sigan adelante con tratamientos que les arruinarán la vida. Madres que estarán ahí cuando sus hijas o sus hijos terminen de madurar y vean que se han equivocado.


Madres que saben que, cuando llegue ese momento, ningún político va a estar ahí para recoger los pedazos de sus hijas o sus hijos,


Ningún médico les va a devolver a sus hijas sus pechos, su útero, su vagina.

No va a devolver a sus hijos su pene y sus testículos. A ninguno de ellos, chico o chica, les va a devolver la posibilidad de disfrutar del sexo ni su fertilidad.


Ninguna compañía farmacéutica va a proporcionarles un medicamente que revierta las consecuencias de la hormonación cruzada.


Ningún representante LGBT les va a pedir disculpas.


Madres y padres que saben que sólo ellos estarán para ayudar a su hija o su hijo a retomar sus vidas y evitar, ahora sí, que acaben con ella. Madres y padres que cada día se tragan sus lágrimas para que sus hijas e hijos no les vean llorar, pero que leen hasta bien entrada la madrugada acerca de otros casos intentando ver la salida, intentando encontrar el argumento, la solución, el punto de vista que haga que su hija o su hijo abran los ojos.


Esas madres, esos padres, necesitan ayuda. Necesitan que la sociedad las escuche. Necesitan que cese el discurso acientífico de los cuerpos equivocados. Necesitan que los docentes no acepten el discurso acientífico de los cuerpos equivocados.


Estas madres y estos padres necesitan apoyo porque también están sufriendo. Son tachados de tránsfobos cuando lo único que reclaman es prudencia en la valoración de la disforia de sus hijas e hijos.


Se sienten solos y abandonados por las instituciones que deberían acompañarles en el desarrollo de sus hijas e hijos. Las mismas instituciones que procuraron vacunas para proteger a sus hijas e hijos de enfermedades, que vigilaron su peso y estatura, que se mantienen alerta para garantizar que no sufren malos tratos por parte de sus progenitores. Esas mismas instituciones les dan la espalda y les ignoran cuando madresy padres tratan de explicar que la disforia de género de inicio rápido existe, que se propaga por redes sociales como una epidemia del siglo XXI.


Esas madres y esos padres lloran a diario viendo cómo sus hijas y sus hijos se escurren entre sus dedos como el agua víctimas de una ideología sectaria que parece haber convencido a toda la sociedad de que algunas personas nacen en cuerpos equivocados.


Y no, nadie nace en un cuerpo equivocado.


Muchas gracias por vuestra atención


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